No hay dudas que el cuento sobre Santa Claus (Papá Noel, el Viejo Pascuero) es mil veces más entretenido - para los niños - que la verdad.
Es simpático, aventurero, misterioso y viene acompañado de una fiesta familiar, de regalos y de días de juego. Una historia, al parecer no dañina, que vive en la mente infantil sólo por unos años, para ir desvaneciéndose sola a medida que el niño crece.
Cuando el niño comprende que el cuento es sólo eso, un cuento, no parece sufrir mayores traumas y la leyenda queda guardada como tal en sus recuerdos sin grandes problemas. Que yo sepa, no hay adultos que se aferren al cuento de Santa Claus de manera obsesiva, que aseguren que es cierto, que acusen a los gobiernos del mundo de querer esconder la verdad y que suban a la mesa todas las tarjetas de Navidad, cintas de regalo, libros y películas de Navidad como "evidencia" de que la historia es real.
¿No existen esos adultos? - ¡Sí existen! - Y no son pocos, escriben libros, tienen programas de radio y de tele y graban exhaustivos videos para YouTube. Son seguidos, creídos y recomendados por muchos. Estos adultos que aseguran que Papá Noel existe ganan un montón de plata y son invitados constantes de shows de TV y radio.
Son los charlatanes. Los mentirosos profesionales. Los embaucadores. Los que en vez de leer un libro de Evolución, se conforman con el de OVNIs. Esos que en vez de leer Historia, recurren a una conspiración. Sin importar cuán estúpida ésta pueda ser.
Son ese enorme cúmulo de estafadores que hay en la Humanidad. Que han habido y que, lamentablemente, habrá. Estos señores y señoras existen y existirán porque tienen público. Y este ha demostrado ser un público fiel. Ignorante, pero fiel.
Un corto googleo basta para encontrarse con algunos de estos cuenteros. España tiene los suyos, Argentina y Chile los tiene. Me imagino que cada país, cada ciudad, podrá enarbolar su charlatán propio. Pero aquí los dejo con algunos de excelencia:
En España: Alberto Canosa, un fanático de cuanta conspiración secreta pueda inventarse. Lo más patético, sus fábulas sobre la Cueva de Hércules. Ahí va el video de la primera.
En Argentina: Adrián Salbuchi, que habla con tono ceremonioso (y hasta en inglés) sobre conspiraciones milenarias, gobiernos mundiales, masones. Salbuchi, ídolo de los movimientos neo-nazis sudamericanos, explica todo lo que pasa en el mundo como una gran "conspiración judía". En este video el timador "explica" la última crisis económica mundial.
En Chile: Juan Andrés Salfate, un charlatán de conspiraciones. Entre otras cosas, Salfate asegura que los terremotos y el fenómeno del El Niño son causados por los EEUU, que el ser humano es extraterrestre y que la compañía Walt Disney es una conspiración mundial malévola. Lo más patético, cuando le "explica" en la tele a dos modelos, que el hombre está bajo una conspiración de reptiles de otro planeta, incluso, que los más poderosos personajes de la Historia son y han sido reptiles.
Estos son sólo tres farsantes. Hay muchos más. Demasiados. Con demasiados seguidores. Y con demasiado público y media que los ve como un fenómeno simpático o como una fuente de ingresos. La única manera real de desenmascararlos es enfrentarlos a científicos, historiadores y economistas de verdad, y eso los programas y las revistas cómplices se cuidan mucho de no hacer.
Otra manera de detenerlos es mejorar y profundizar los niveles de educación de niños y jóvenes.
Para España, Argentina y Chile - que un niño escuche, crea y repita estas burradas espectaculares debería ser una verguenza nacional. Al parecer no lo es. Lo que es muy, muy preocupante en vistas al lugar que ocuparemos como sociedad en el mundo del futuro.
¿Cualquier cosa en nombre de la libertad de expresión?
Algunos sitios web anti-charlatanes:
1. Magonia (en español)
2. Skeptic Society
3. Skeptic (una serie de Scientific American)
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