15 julio 2010

Los libros azules de Julio

Yo tengo esos primos que viven "en el campo" allá en Chile. Bueno, no realmente en el campo, ya que la ciudad de San Felipe, en medio del valle del Aconcagua, ha ido creciendo lentamente y ahora tiene buses, taxis y semáforos de tres colores.
Es ahora una ciudad grandecita y su equipo de futbol hasta está en Primera División. No mirar en menos.

Pero no voy a hablar del San Felipe de hoy, sino del de los años 60s. De cuando yo era chico y me llevaban todos los veranos de vacaciones allá. Pero verán, tampoco voy a hablar de esas vacaciones, sino de unos libros en especial.

En un estante en la casa de estos primos había una hilera de seis o siete tomos azules, no muy grandes, pero sí gruesos. Eran "Las Increíbles Aventuras de Julio Verne".
En esos libros lo conocí y desde esos libros Julio me llevó de viaje a la Luna, me bajó por cavernas hasta el centro de la Tierra, escapó conmigo de insectos gigantes en una isla misteriosa y me embarcó en un submarino increíble llamado Nautilus que navegaba por el fondo marino...

Eran unos tiempos en que los niños leían - libros, revistas, historietas... - y los días eran largos, la adultez estaba muy lejos y la imaginación era nuestro manantial de juegos. Así, Julio Verne dejó plasmado en mí esas aventuras, esos lugares exóticos y esos increíbles misterios del mundo.

Hace dos años anduve por Chile, viajé a San Felipe y me encontré con los primos de siempre. En medio de una conversación pregunté por los libritos azules. "Ah, esos... - me dijo un primo - no están. Todo eso desapareció entre cambios de casa...".

Pero no desaparecieron totalmente, los tomos azules de Julio Verne aún existen en mis recuerdos.


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La ciencia-ficción de Julio Verne


6 comentarios:

Mónica de los Siete Infiernos dijo...

San Felipe no queda en medio del Valle del Aconcagua. Queda más bien para la cordillera, por eso suns inviernos frrrrríos y veranos calurooooosos. Lo sé porque soy de Quillota, que sí está en el medio de dicho Valle.

Sobre Verne, he leído muy poco de él. Lo primero fue "Frente a la bandera" y lo encontré es-tu-pen-do.

Frank H. dijo...

en esa época viajábamos desde Valpo pasando por Quillota, Calera, Llay Llay... ya no. ahora el bus se va por otro lado... y se demora el doble!

otro cambio - en mis épocas de cabro chico esos buses no llevaban gente de pie... ahora iba gente hasta en el techo, poco menos. bus repleto.

recuerdos de viejo... más que las cosas, lo que ha cambiado son las costumbres.

saludos!

Anónimo dijo...

Lamento comunicarte que los mejores viajes de San Felipe a Valpariso y vice versa eran en tren, con transbordo obligado en Llay-Llay donde se degustaban los mejores sanguches de mortadela con palta de la region y los sabrosos chilenitos, en el viaje mismo era inconfundible el segnor del canasto que ofrecía Malta-Bilz y Pilsen - ah, Julio Verne es fascinante. Un abrazo esnupy.-

Frank H. dijo...

je je je , buen tema, Carlos - hablaremos de estos viajes pronto...
un abrazo!

Anónimo dijo...

Disculpa que vuelva sobre el tema, pero me recordé – cuando comenté de los sabroso sanguches en Llay-Llay, que en los viajes de Valparaíso a San Felipe, se podía vivir un anticipo de lo que se venia en San Pedro, ahí también vendían los ya mencionados sanguchitos y por supuesto los deliciosos chilenitos, pero el punto no es ese, sino que en San Pedro estaba el ramal al norte, tu te bajabas en esa estación y transbordabas a Quintero, un tren chico – mas pequenio que el que iba a Los Andes – pero mas encachao que la cresta, tal vez viví el mejor viaje de mi vida un fin de agno, lo que llaman viaje de estudios –(…¡¡¡…) durmiendo en la playa, abrigados solo por el calor de un neumático ardiendo, tocando guitarra y tomando una botellita de grapa para pasar el frió.



A la maniana siguiente, con el negro de humo saliendo hasta por las orejas, recuerdo que pasó una seniora por el paseo peatonal a orillas de la playa – oye chiquillo, tu mamá sabrá que andas muerto de hambre y con esa cara negra por el humo? – no tía es que andamos en un paseo de fin de anio – toma una marraqueta y abrígate cabro de porquería, el calor del pan recién horneado calentó mis manos, mi cara y mi alma, puedo olvidar las mejores cenas en las que he estado, los mejores restaurantes que he conocido, pero jamás olvidaré esa marraqueta caliente, fresca y sabrosa, aún así lo que mas recuerdo fue la hermosa cara de la ninia que estaba junto a la seniora, tal vez era su hija, de unos dieciséis igual que yo, con sus trenzas negras y brillantes ojos cafés, debe haber sido un par de minutos pero me enamoré de ella, viajamos por el espacio y me embriagué con el frescor de su perfume, manos blancas y piel tersa, nunca hablamos, pero me miró con esa mirada que uno entiende ¿sabes? una mirada con muchos mensajes, sentí que me dijo que también me quería, en un minuto nos amamos intensamente, fuimos al cielo y volvimos tomados de la mano, conocí sus secretos y ella mis debilidades, como dice Al Pacino en perfume de mujer en un minuto se vive una vida - podré olvidar todas las pieles recorridas en mi vida, pero jamás olvidaré esa.



Bueno así era la estación de San Pedro – ramal Quintero….



Saludos, Esnúpy Carlos.-

Frank H. dijo...

hermosos y sentidos recuerdos, Snúp.
ud. debería abrir blog propio y dejarlos plasmados para la posteridad. lo aliento a hacerlo.

abrazos!