21 marzo 2013

La Biblia y la historia de algunas palabras

Cuando escucho la palabra "carrete" entre chilenos pienso en lo que el tiempo le hace a las palabras. Hace años, carrete era un cilindro de madera sobre el que se enrrollaba hilo, lana, alambre, etc. Hoy, para los chilenos, carrete quiere decir algo totalmente diferente. Incluso, le han conjugado un verbo, "carretear".

Esto ha pasado en pocos años. Qué cambios de significado las palabras pueden experimentar en cien años, en mil años... Imagínense incluso, que el idioma español desaparece, que es borrado bajo las arenas del tiempo y después de unos dos mil años renace y comienza a hablarse de nuevo.
¿Qué le habría pasado a la palabra "carrete" entonces? - Tras descubrir que "carrete" tenía dos significados, los estudiosos tendrían problemas para interpretar un párrafo desenterrado de español, y discutirían si debe ser asignado el significado uno o el significado dos en el párrafo.

Justamente eso es lo que pasa con la Biblia. La mayoría de la gente que lee o escucha trozos bíblicos no se percata que está leyendo o escuchando un trozo traducido de una traducción que fue traducida de otra traducción la que fue traducida de un trozo de pergamino escrito en una lengua muerta hace unos dos mil años (en el mejor de los casos) o desaparecida de la faz de la Tierra hace unos tres mil años!
¿Estamos leyendo hoy en la Biblia lo que el que la escribió hace tres mil años quiso expresar?
Primero, hay que acotar que la Biblia nunca fue "un libro" en sí y que la versión actual - sin El Nuevo Testamento - fué compilada bajo el reinado de Salomón unos mil años antes de Cristo.

El reino de Israel estaba ya asentado y era estable y rico, cuando Salomón pidió a un grupo de sabios e historiadores comenzar a reunir todas las leyendas, mitos, canciones, poemas y tradiciones que el pueblo judío portaba por unos mil años. Comienza a nacer así la Biblia.
Estos sabios se avocan a la tarea, viajan, reúnen, clasifican y ponen por escrito folklore y tradición oral. El trabajo toma años. Ellos mismos ya tienen que lidiar con hebreo antiguo, arameo y dialectos locales.

Finalmente se llega a una compilación más o menos vasta del folklore cultural judío - la Biblia: una serie de pergaminos que los israelítas llaman el Tanáj - contracción de tres palabras que significan - Torá (la enseñanza), Nevihím (las profecías) y Khetubím (las escrituras).
(A esta compilación - conocida como Biblia de Jerusalén - el cristianismo le agrega el Nuevo Testamento, con la historia de Jesús, entre el 100 y 200 años después de Cristo. Logicamente, la Biblia judía no contiene esta segunda parte).

Han pasado cosas comiquísimas e interesantes con tanta traducción y zarandeo de la Biblia. Hasta hace poco tiempo, Moisés era pintado y esculpido en todas partes con unos cachitos en la cabeza, se han fijado? - Mucha gente leía estupefacta que al bajar del monte Sión después de recibir la Tablas de la Ley, Moisés traía cuernos (¿?).

La confusión: en hebreo 'cuerno', 'cacho' se dice 'kéren', pero 'rayo de luz' también se dice 'kéren'. Los primeros traductores (del hebreo al griego y después del griego al latín) se confundieron y pusieron cuernos donde había que poner rayos de luz - La diferencia está en el plural, 'cuernos' es 'karnáim', mientras que rayos de luz es 'kranót'.
El trozo original dice "... (de Moisés)... ve karnú panáv..." - tradujeron 'y cuernos en su rostro', cuando la traducción correcta debe ser, "y su rostro se iluminó". Al pobre Moisés, le pusieron cachitos por años.

Otro caso cómico - muchos se sorprendían al leer que santos y profetas eran, en muchas partes de la Biblia, "atendidos por prostitutas". Y esto es porque la palabra usada es "zoná" (en plural, "zonót"), que incluso en hebreo moderno significa prostituta.
Pero, hace tres mil años atrás se le llamaba 'zoná' a una mujer que preparaba y servía 'mazón' - alimentos. Así, estas mujeres eran seguramente cocineras y sirvientas, no prostitutas. También sufrieron el error de los traductores por casi dos mil años.

Y termino con esto. En hebreo las letras también son números. La 'álef', la primera letra del alfabeto es el uno, la 'bét', la segunda, es el dos. Y así. De esta cualidad surge por ejemplo todo el misticismo de la kabalá, ya que los números son palabras y las palabras son números.

Esto entrega muchas cosas interesantes del idioma hebreo. Un ejemplo: embarazo, en hebreo se dice "heraión". La suma de las letras de la palabra 'heraión' entrega el número 280. ¿Y qué tiene que ver éste número con el embarazo? - Justo, le apuntaron: es el número de días que dura un embarazo promedio - 280 días, unas 40 semanas.
Eso no más por ahora.

3 comentarios:

Juan dijo...

Están muy buenas tus acotaciones sobre los errores de las traducciones.
Muy entretenido, si tienes más no dudes en postearlas.

Saludos!

Mary Rogers dijo...

Muy buen post! Muy entretenido e ilustrativo (sin ser latero). A propósito, algún extranjero dijo por estos días en el Festival de Viña que nosotros no hablábamos español, sino chileno. O sea...carrete "en chileno" es fiesta.
Abrazos

María Pastora Sandoval dijo...

¡Excelenteee!