17 diciembre 2009

Modas que repelen gente

La primera vez que fui al cine aquí en Canadá quedé sordo. No se a cuántos decibeles habrían puesto el sonido, pero la experiencia fue terrible y terminé la película hasta con dolor de cabeza.
Fue por el 2000, hace casi diez años atrás. Me percaté después que tal práctica se había hecho común en los últimos tiempos (en esos años) y además, que yo no era el único que sufría y reclamaba.

Poco tiempo después hubo un estudio gubernamental sobre contaminación acústica en el país, y se aconsejaron niveles mucho más bajos para cines, discotecas y demás lugares públicos. Me parece que fue solamente un consejo, sin dientes de ley, pero para placer de la gente normal esto fue acogido y hace ya unos tres a cuatro años que el sonido en los cines sigue siendo fuerte - pero aguantable.

Quise abrir el tema con este ejemplo de una moda tonta. Una moda que, como toda, perdura y se expande a fuerza de copia: si otros lo hacen, yo también debo hacerlo.

Y este asunto de no pensar, no probar antes, no verificar si algo es más molesto que atrayente para el público se extiende a la televisión, a la radio y a la internet. Y continúa en estos medios por dos razones: porque la gente encargada de marketing y de la publicidad es copiona y porque el reclamo del público en estos medios es menos directo.

¿Se han fijado en esa moda de poner avisos animados en la parte inferior de la pantalla en la TV? - el objetivo parece ser interrumpir lo que uno está viendo, desconcentrarte del programa con cualquier bobada: naranjitas que corren, botellas que bailan, el anuncio del próximo programa. Cualquier cosa.

Gente de marketing: si tratan de vender un producto molestando al televidente (posible cliente) con ruidos, movimientos, luces, explosiones que no tienen nada que ver con lo que la persona quiere ver, créanme - están consiguiendo el efecto exactamente opuesto . El espectador termina odiando el producto que se le pretende vender.

Y lo mismo sucede cuando en la radio interrunpen a cada rato una canción para decir tonteras que, supongo, los locutores y los propagandistas creen de lo más simpáticas, pícaras y entretenidas. Señores de la radio, créanme - el radioescucha termina cambiando el dial a alguna otra emisora menos cargante.

Y termino con la internet - sí, esos sitios web llenos de avisos publicitarios que giran, parpadean, cambian de color, saltan... lo único que causan es que, primero, el sitio sea lentísimo en subir (lo que ya es un buen repelente para cibernautas) y que sea tan molestoso que practicamente no te deja ni leer, ni ver nada tras el circo desplegado alrededor, y muchas veces encima! de lo que uno pretende ver.
Tal como en los casos anteriores - uno trata de visitar lo menos posible el sitio susodicho y de hacerlo solamente de pasada, a la rápida.

Diseñadores, publicistas, gente de marketing, piénsenlo tres veces antes de nuevamente "descubrir la rueda" y agregar a su aviso una botella de champaña que explota en confetti o de hacer cruzar un auto lleno de globos de colores delante de lo que uno pretende ver: no, no atrae, repele. Díganselo a su cliente.


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4 comentarios:

noemi dijo...

Yo cuando voy al cine me pongo pedacitos de Kleenex en las orejas, por que vivo de escuchar a la gente, soy terapeuta y tengo pavor de quedarme sorda un día.

Frank H. dijo...

terrible, Noemí - yo tuve suerte: al tiempo de llegar redujeron los decibeles a algo pasable.
saludos!

uno de tantos dijo...

Creo que aquí usted hace una presunción gratuita ¿quién le dice que todos publicistas sepan hacer su trabajo? Conozco a alguno que simplemente lo es porque tiene buenos contactos que le permiten conseguir clientes importantes en el sector público. Invirtiendo dinero y machacando una idea ... al final uno se convierte en "publicista".
Un saludo.

Frank H. dijo...

sí, aunque en general, todo el mundo de los negocios - y la publicidad es uno - se mueve en base a contactos y relaciones públicas más que a la calidad del producto, creo yo.