El primer libro que leí - según mi memoria - fué La Isla del Tesoro, cuando tenía unos diez años. El segundo fue un libro de cuentos (regalo de un tío): Las Doradas Manzanas del Sol.
Éste segundo libro me hizo fan de Ray Bradbury y de los relatos cortos, de todo tipo. Al momento de elegir, siempre he salido de una librería con un volumen de cuentos más que con una novela.
Tras algunas páginas se tiene la certeza de que pronto habrá un cierre al asunto entre manos. Tal vez ese sea el mayor atractivo del cuento. No sé si sea eso, pero el libro de cuentos siempre ha ejercido en mí una atracción que no me preocupo en combatir.
Así, he andado entre los relatos irrespetuosos de Charles Bukovski, los extraños de Raymond Carver, los crudos de Ernst Hemingway, los imaginativos de Ray Bradbury... en vacaciones, alguna selección de cuentos de terror clásicos o 'lo mejor del año' en ciencia-ficción.
Lo primero que fuí capaz de leer en inglés (muy lentamente) fué una colección de relatos de Louis L'Amour que compré en rebaja y que usé más para aprender inglés que para auténticamente leer... aunque los cuentos estuvieron muy buenos. Después estuve con Complete Short Stories, de Ian Rankin - el que me hizo pasear por todo Edimburgo y alrededores.
En estos momentos estoy con 50 Great Short Stories, una colección de cuentos clásicos también comprada en rebaja. Es que el libro está en problemas. En estos tiempos de tele, videojuegos, iPad e internet en no más de 140 caracteres... quedan pocos lectores. El lector es una especie en extinción. Por lo tanto, se puede encontrar excelente literatura muy en rebaja. Y en formato antiguo: impresa con tinta sobre papel.
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17 febrero 2013
06 enero 2013
A quemarlo todo
Debo haber tenido entre los diez a doce años cuando leì mis primeros libros de Ray Bradbury. Ya saben, 'Las doradas manzanas del sol', 'El paìs de octubre'... esos.
No recuerdo en cuàl de esas colecciones de cuentos venìa uno titulado 'Conflagraciòn en la casa grande'. Un tìtulo extraño para un cuento màs extraño aùn. Nada de viajes espaciales, ni futurismo, ni magia, ni fantasìa. Un cuento de lo màs realista que, entonces, me pareciò como incrustado a la mala entre los otros relatos.
'Conflagraciòn...' trata de una revuelta popular. La gente del pueblo cercano, al parecer pasando por malos tiempos, ve como su gran enemigo la mansiòn palacio allà en la colina. Deciden entonces que lo mejor para mejorar su situaciòn es ir con antorchas e incendiar a completo la elegante mansiòn.
La enfurecida turba, alentada por unos lìderes con excesivos grados de alcohol en el cuerpo, rodea el palacio e insta a sus ocupantes a dar la cara. El anciano solitario que vive allì abre la puerta y, sobrepasado por el griterìo, concuerda con que la casa sea quemada. Pide solamente un favor: que antes de incendiarlo todo le permitan mostrarle a la gente lo que la casa contiene.
Asì, en las pròximas horas, el anciano lleva a la gente por salas y pasillos, contàndoles sobre cada obra de arte, sobre cada paisaje antiguo de la regiòn, sobre las esculturas hechas por artistas locales. En la bilioteca les muestra la colecciòn de obras escritas desde hace siglos por granjeros, soldados y poetas de la zona... en fin, un increìble museo que ha mantenido las vidas pasadas, las historias, el arte y los sueños de los habitantes del lugar.
La turba, ahora en silencio y con las antorchas apagadas, va por la mansiòn observando cada rincòn y preguntando. Por supuesto, no queman la casa. Regresan al pueblo hablando quedamente entre ellos y prometiendo volver... de dìa.
A los diez o doce años 'Conflagraciòn...' me pareciò un cuento extraño, metido en una colecciòn de relatos de fantasìa y ciencia ficciòn. Ahora no tanto. Lograr que el intolerante, el agresivo, el destructor, se detenga, reflexione y cambie de actitud es, quizàs, fantasìa.
No recuerdo en cuàl de esas colecciones de cuentos venìa uno titulado 'Conflagraciòn en la casa grande'. Un tìtulo extraño para un cuento màs extraño aùn. Nada de viajes espaciales, ni futurismo, ni magia, ni fantasìa. Un cuento de lo màs realista que, entonces, me pareciò como incrustado a la mala entre los otros relatos.
'Conflagraciòn...' trata de una revuelta popular. La gente del pueblo cercano, al parecer pasando por malos tiempos, ve como su gran enemigo la mansiòn palacio allà en la colina. Deciden entonces que lo mejor para mejorar su situaciòn es ir con antorchas e incendiar a completo la elegante mansiòn.
La enfurecida turba, alentada por unos lìderes con excesivos grados de alcohol en el cuerpo, rodea el palacio e insta a sus ocupantes a dar la cara. El anciano solitario que vive allì abre la puerta y, sobrepasado por el griterìo, concuerda con que la casa sea quemada. Pide solamente un favor: que antes de incendiarlo todo le permitan mostrarle a la gente lo que la casa contiene.
Asì, en las pròximas horas, el anciano lleva a la gente por salas y pasillos, contàndoles sobre cada obra de arte, sobre cada paisaje antiguo de la regiòn, sobre las esculturas hechas por artistas locales. En la bilioteca les muestra la colecciòn de obras escritas desde hace siglos por granjeros, soldados y poetas de la zona... en fin, un increìble museo que ha mantenido las vidas pasadas, las historias, el arte y los sueños de los habitantes del lugar.
La turba, ahora en silencio y con las antorchas apagadas, va por la mansiòn observando cada rincòn y preguntando. Por supuesto, no queman la casa. Regresan al pueblo hablando quedamente entre ellos y prometiendo volver... de dìa.
A los diez o doce años 'Conflagraciòn...' me pareciò un cuento extraño, metido en una colecciòn de relatos de fantasìa y ciencia ficciòn. Ahora no tanto. Lograr que el intolerante, el agresivo, el destructor, se detenga, reflexione y cambie de actitud es, quizàs, fantasìa.
01 enero 2013
Angelina y la ciencia de los labios
En los años en que trabajé en la universidad de Tel Aviv conocí a los cíclidos - un enorme grupo de peces de agua dulce.
Han sido tan exitosos que se han adaptado a todos los hábitats tropicales del mundo desde Sudamérica hasta Texas y desde África, por el Medio Oriente hasta el sur de Asia.
Hay más de 1.500 especies de cíclidos, son animales duros, fáciles de mantener en acuario para observación y experimentos y fáciles de observar en la naturaleza.
Hace unas semanas leí sobre este proyecto en el lago Apoqueye de Nicaragua, el que - como ha ocurrido con otros lagos también en África - quedó separado completamente de otros cuerpos de agua dulce y repleto de cíclidos. Aislados, los peces experimentaron increíbles procesos de especialización evolutiva. Estos lagos son verdaderos laboratorios naturales donde observar y estudiar evolución.
Durante 30 años el alemán Axel Meyer ha trabajado en la región centrándose en cómo y por qué cíclidos muy semejantes han desarrollado estructuras bucales y labios completamente diferentes. Interesante. Y con un rasgo de humor, muy acertadamente, ha titulado la investigación, el Proyecto Angelina Jolie.
Han sido tan exitosos que se han adaptado a todos los hábitats tropicales del mundo desde Sudamérica hasta Texas y desde África, por el Medio Oriente hasta el sur de Asia.
Hay más de 1.500 especies de cíclidos, son animales duros, fáciles de mantener en acuario para observación y experimentos y fáciles de observar en la naturaleza.
Hace unas semanas leí sobre este proyecto en el lago Apoqueye de Nicaragua, el que - como ha ocurrido con otros lagos también en África - quedó separado completamente de otros cuerpos de agua dulce y repleto de cíclidos. Aislados, los peces experimentaron increíbles procesos de especialización evolutiva. Estos lagos son verdaderos laboratorios naturales donde observar y estudiar evolución.
Durante 30 años el alemán Axel Meyer ha trabajado en la región centrándose en cómo y por qué cíclidos muy semejantes han desarrollado estructuras bucales y labios completamente diferentes. Interesante. Y con un rasgo de humor, muy acertadamente, ha titulado la investigación, el Proyecto Angelina Jolie.
10 septiembre 2012
Hubo una vez una tormenta
Cosas de
las que uno se acuerda y no sabe por qué.
Pequeños
momentos olvidados para otros. Momentos que parecen no tener importancia empírica.
Generalmente son escenas borrosas de una infancia bien lejana, cuando los
adultos eran altos y hablaban en marciano. Una calle, una casa, un balcón con un
gato, una noche de tormenta... escenarios que - por alguna razón misteriosa – quedan
grabados en nuestras redes neuronales, impregnados incluso de una sensación onírica.
Íbamos de
vacaciones a Los Andes y nos quedábamos en una casa angosta y larga, llena de
piezas, con un patio medio salvaje y que tenía, al fondo, una cocina enorme
siempre llena de mujeres.
Por
supuesto, yo andaba con mi bloc de dibujo y lápices de colores, así es que
cuando comenzó a llover esa tarde, me senté bajo techo en el largo pasillo
abierto al patio y me entretuve dibujando mientras tomábamos té con pan
amasado, con mantequilla hecha en casa y queso de cabra.
No puedo
imaginar mi edad. Quizás seis, siete años, algo así. Lo que sí recuerdo muy
claro es ese dibujo final, cuando ya había anochecido y sobre Los Andes se desataba
un diluvio acompañado de truenos y rayos. Hice un cielo negro del que emergían
rayos amarillos en forma de zetas, abajo chiquitas, unas casas que parecían no
soportar el viento. De suelo dibujé un río barroso, oscuro. Todos se mostraron
impresionados con mi obra de arte y yo me sentí contento aunque en la realidad
el dibujo me daba un poco de miedo.
¿Por qué
esa tarde quedó impregnada en mi memoria? Aparte de mis papás, ni siquiera sé
quiénes eran los otros adultos en esa casa, menos qué año fué y menos aún qué
lluvia.
04 septiembre 2012
Primer día, otra vida empieza
Llueve en Hamilton. También en Toronto. Lluvia mañanera
en todo el sur de la provincia de Ontario, Canadá. Para la tarde anuncian rayos
y truenos.
Así les tocó
el primer día de clases de este año escolar a niños, adolescentes y estudiantes
en general. Como confirmando el término del verano y de las vacaciones.
Septiembre
es el mes de regreso a clases en el hemisferio norte. Es como el marzo de Chile
(y de todo el hemisferio Sur). Septiembre es principios de otoño aquí, Marzo lo
es allá. Recuerdo que también en Chile Marzo
era un mes bastante inestable, con unos días de intenso calor y otros nublados
y lluviosos.
Uno tenía
que vestirse con el uniforme oficial, chaqueta azul, pantalones grises, zapatos
negros. Era obligatoria también, una corbata azul o que podía variar si se
pertenecía a algún colegio particular o comunitario. Después cambiaron esa ley,
en la época caliente del año se podía ir al colegio sin corbata. Pero la
calurosa chaqueta se mantenía, aunque los alumnos fueran a algún colegio en
medio del desierto de Atacama. Así es Chile.
El día de
regreso a clases es un día especial para todos: para los que al colegio por
primera vez, los que entran a Cuarto Medio, su último año antes de salir al
mundo definitivamente. Los que van a la universidad, o a algún instituto, a
comenzar vidas de adultos, llenos de sueños y esperanzas.
Aquí, es día
de ojos llorosos para mamás y papás, que van a dejar a hijas e hijos a alguna
lejana universidad o college. En Canadá, en EEUU, en Europa, un gran porcentaje
de ellos ya no regresará a casa... conocerán a alguien, se irán a vivir solos,
o con ‘room-mates’. Es un día de adiós, con abrazos y lágrimas. Es un día de
cambio para la familia entera, la que ya nunca más volverá a ser lo que fué.
Primer día de clases. Lluvioso y nublado en el sur de Ontario. Mañana, dicen, volverá el sol y el calor.
02 julio 2012
Casettes viajeros
Un día de verano a mediados de los ‘80s yo hacía mi maleta para irme de Chile. Ahí estaban las cosas para ponerse en el cuerpo: calcetines, camisas, calzoncillos, etc.
Agregué unos pocos libros – de los que hablaremos en el futuro - y al final, antes de cerrarla, agregué unos casettes. Porque en los ‘80s no había CDs sino casettes. En ellos uno grababa sonidos sobre cintas que duraban 60 minutos, pero que las compañías trataban de extender hasta los 90 y 120 minutos.
Estos últimos, en los que podías meter dos horas de música, tenían una cinta muy delgada y se cortaba o enrredaba con traicionera facilidad.
Recuerdo con claridad los casettes que me llevé ese día y que siguieron viviendo conmigo por unos años hasta que, agotados, demasiado tocados, en plena senectud, se fueron en alma y cuerpo al cielo de los aparatos.
Fueron: ‘Passion, Grace and Fire’ un empacho de guitarreo acústico con nada menos que Paco de Lucía, John McLaughlin y Al Di Meola.
‘Electric Rendevus’, un extraordinario álbum – quizás el mejor de él – con Al Di Meola en guitarra eléctrica.
‘Fandango’, donde Herb Alpert hacía regresaba con varios temas que llegaron a ser muy populares, pero pasajeros.
El último casette no era oficial, era de esos pirateados, grabadas en él varias canciones de Eduardo Gatti, entre ellos el tema Los Momentos – que debe ser la canción chilena de todos los tiempos – en la versión original de Los Blops, y en una versión nueva que Gatti había grabado, me parece, a principios de los ‘80s.
De una manera u otra he ido recoleccionando toda esa música de nuevo. Lo último, lo de Eduardo Gatti, lo tengo nuevamente gracias al regalo que me envió mi querido amigo Carlitos Snoopy desde Quilpué.
Recuerdos a la rápida sobre cosas que no le interesan a nadie.
23 abril 2012
Páginas con espíritu
Me han llegado unas
revistas de arte antiguas que fueron de mi viejo, yo no me acordaba de ellas,
pero cuando las abrí y empecé a hojearlas, las fotos y las pinturas volvieron a
mí como en un viaje en el tiempo.
Revista de arte 'Humboldt', publicada en un montón de idiomas - entre ellos el castellano - en Hamburgo, Alemania. Ésta, la número 14 - es de 1963.
Revista de excelente calidad, en texto y en formato. La imagen de la portada es de una obra de Hans Purrmann de 1950, titulada 'Habitación con balcón'. Entre los artículos hay arte europeo, latinoamericano, historia, filosofía, poesía...
Me parece que ya no se publica más, el atento Google, al menos, no me ha entregado resultado alguno.
Me imagino que murió, sepultada bajo un alúd de publicaciones mucho más populares. Pero, aquí hay algunas rescatadas, como para que no se diga.
Revista de arte 'Humboldt', publicada en un montón de idiomas - entre ellos el castellano - en Hamburgo, Alemania. Ésta, la número 14 - es de 1963.
Revista de excelente calidad, en texto y en formato. La imagen de la portada es de una obra de Hans Purrmann de 1950, titulada 'Habitación con balcón'. Entre los artículos hay arte europeo, latinoamericano, historia, filosofía, poesía...
Me parece que ya no se publica más, el atento Google, al menos, no me ha entregado resultado alguno.
Me imagino que murió, sepultada bajo un alúd de publicaciones mucho más populares. Pero, aquí hay algunas rescatadas, como para que no se diga.
20 abril 2012
Primera novia de letras marcianas
En 1986 tuve mi primera PC. Tenía menos memoria que un diskette 1.44 Mb, tenía pantalla negra y letras verdes fosforescentes. El sistema operativo era DOS y las órdenes había que escribirlas.Fue instalada en una pequeña pieza al final del pasillo.
Lo primero que escribí en ella fue un largo poema titulado "Blues para héroes remotos". Me recuerdo de él vagamente, pero lo perdí.
Después escribí un cuento sobre un profesor de Historia que hacía jogging en las tardes en el campus de la universidad y una tarde conocía un extraño pájaro, a un misterioso pianista... el relato era inquietante y un poco repulsivo. También lo perdí.
Sentado frente a esa computadora de letras marcianas, fumando y mirando el Mediterráneo escribí las primeras cosas "completas" - con final.
Este, en realidad, no es más que un cariñoso recuerdo, homenaje atrasado - lejano en el tiempo y en kilómetros - a esa primera novia digital, hace unos eternos unos veinticinco años atrás.
Le fuí infiel.
30 marzo 2012
Regreso al verano galáctico
Desde hace mucho el verano (que se acerca aquí en Canadá) se
relaciona para mí con ciencia -ficción. No se por qué.
No tengo idea en qué pliegue recóndito de mi bio-psicología se encuentra ese puente que conecta días de sol y picnics, de vacaciones y paseos con las novelas y las películas de ciencia-ficción. El asunto es que semanas antes empiezo a buscar libros y a preparar una lista de películas para cuando llegue el calor.
Tratando de recordar los comienzos de este vicio me vino a la memoria 'Las doradas manzanas del sol' , mi primera lectura de Ray Bradbury, regalo de un tío, hace muchos veranos. Después vendrían 'El vino del estío' y por supuesto, el clásico 'Crónicas marcianas'.
No tengo idea en qué pliegue recóndito de mi bio-psicología se encuentra ese puente que conecta días de sol y picnics, de vacaciones y paseos con las novelas y las películas de ciencia-ficción. El asunto es que semanas antes empiezo a buscar libros y a preparar una lista de películas para cuando llegue el calor.
Tratando de recordar los comienzos de este vicio me vino a la memoria 'Las doradas manzanas del sol' , mi primera lectura de Ray Bradbury, regalo de un tío, hace muchos veranos. Después vendrían 'El vino del estío' y por supuesto, el clásico 'Crónicas marcianas'.
El virus se contagió a amigos y primos y muy pronto todos leíamos, discutíamos y nos prestábamos estos libritos. Los nombres de Bradbury, Ben Bova, Isaac Asimov, Domingo Santos y Larry Niven pasaron a ser parte de la pandilla.
Una de las novelas que nos causó mayor impacto fue 'Un resto de memoria', de Keith Laumer, llena de aventuras, viajes espaciales y luchas contra malvados tiranos.
Otra fue 'Ciudad' de Clifford Simak - donde los perros (que habían
sido nuestros amigos cercanos) se reunían en las noches del
futuro a contarse historias sobre los ya desaparecidos seres humanos. A través de ellas, íbamos conociendo
el trágico destino que le esperaba a la Humanidad.
Imposible olvidar 'A horcajadas en la luz' del sabio chileno Arturo Aldunate Philips, que nos mostró las maravillas del espacio, de la astronomía y de la física en lenguaje infantil y simple. Leíamos cada frase con religiosidad y a veces no entendíamos mucho...
El vicio continúa hasta hoy - para simple regocijo de mi última neurona. Acabo de iniciar la trilogía 'Heliconia' de Brian Aldiss, conseguida nada menos que en castellano, para pasarla mejor. Nos vemos en Andrómeda!
Relacionado:
Isaac Asimov dijo adiós a los cosacos desde la nave madre
Imposible olvidar 'A horcajadas en la luz' del sabio chileno Arturo Aldunate Philips, que nos mostró las maravillas del espacio, de la astronomía y de la física en lenguaje infantil y simple. Leíamos cada frase con religiosidad y a veces no entendíamos mucho...
El vicio continúa hasta hoy - para simple regocijo de mi última neurona. Acabo de iniciar la trilogía 'Heliconia' de Brian Aldiss, conseguida nada menos que en castellano, para pasarla mejor. Nos vemos en Andrómeda!
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27 diciembre 2011
Repasando el 1982, un año bisagra
En 1982 fue muy activo y lleno de cambios: Italia le ganó a Alemania la final del Mundial, Argentina estaba en guerra con Inglaterra, Israel invadió El Líbano tratando de capturar a Arafat, los cines se llenaron para ver 'E.T.', en los kioskos estaba a la venta el primer número de 'X-Men' y, por separado, también el primer número de 'Wolverine'.
La Panasonic desarrolló en 1982 el primer CD player y el primer CD, pero el aparato y los discos no serían de consumo masivo hasta fines de la década.
La IBM desarrolló la primera computadora personal, pero tampoco serían populares sino hasta fines de aquella década.
En 1982 internet era secreta, desconocida para el gran público y usada para fines militares. A los pocos años pasaría a ser abierta, civil y a mediados de los 90s estaría casi en todas partes.
En 1982 me fuí de Chile. Y era irse de verdad: mantener contacto era lento, caro y difícil. Era imposible escuchar radios o leer diarios. Sólo El Mercurio tenía una edición internacional de cuatro o seis páginas Y se demoraba dos días en llegar a las embajadas chilenas en el extranjero.
Una carta demoraba una semana a diez días entre continentes y las llamadas internacionales eran bien caras.
Era más fácil grabar casettes de saludos y enviarlos por correo.
Recibí y mandé no sé cuántos casettes en aquellos años - llevaban novedades, copuchas, chistes y hasta canciones. Pero entre envío y contestación podía pasar un mes!
Era otro mundo sin internet - sin email, Facebook o Skype. Si te ibas, te ibas más de verdad...
Así era. Y nunca más volverá a ser así.
La Panasonic desarrolló en 1982 el primer CD player y el primer CD, pero el aparato y los discos no serían de consumo masivo hasta fines de la década.
La IBM desarrolló la primera computadora personal, pero tampoco serían populares sino hasta fines de aquella década.
En 1982 internet era secreta, desconocida para el gran público y usada para fines militares. A los pocos años pasaría a ser abierta, civil y a mediados de los 90s estaría casi en todas partes.
En 1982 me fuí de Chile. Y era irse de verdad: mantener contacto era lento, caro y difícil. Era imposible escuchar radios o leer diarios. Sólo El Mercurio tenía una edición internacional de cuatro o seis páginas Y se demoraba dos días en llegar a las embajadas chilenas en el extranjero.
Era más fácil grabar casettes de saludos y enviarlos por correo.
Recibí y mandé no sé cuántos casettes en aquellos años - llevaban novedades, copuchas, chistes y hasta canciones. Pero entre envío y contestación podía pasar un mes!
Era otro mundo sin internet - sin email, Facebook o Skype. Si te ibas, te ibas más de verdad...
Así era. Y nunca más volverá a ser así.
22 octubre 2011
18 julio 2010
Puchos, café y Mozart
Hace años un amigo me dijo "ya tengo toda la música que quería tener". Ya no compraba nada nuevo.
En un estante tenía ordenados unos ciento cincuenta o doscientos LPs, "long plays" - discos de vinilo de 33 RPM.
Gustaba de la música clásica, buen pianista también, ordenaba los discos por estilo y dentro de cada estilo, más o menos por abecedario. Sabía exactamente dónde se encontraba cada uno.
Yo recién empezaba a escuchar clásica. No sabía casi nada y aún no definía gustos al respecto.
En esa época yo todavía fumaba y así, con este amigo, cigarrillos y cafés en mano, nos sentábamos a pata pelada en la alfombra de su living a hurgar entre discos y a escuchar fragmentos.
Yo había escuchado algo de Vivaldi y Mozart. Cuando chico, a Mahler en mi casa, pero nada más. Así que en esos años, entre puchos y café, empecé a escuchar a Bach y Telemann, a Brahms y Schubert. Prokofiev me gustó bastante. Lo mismo Stravinski. Tuve dificultades entendiendo a Shostakovich y me gustaron también Satie, Ravel y Debussy.
Al irme a Canadá dejé de verlo, pero seguimos en contacto interneto. Cuando trabajo escucho música clásica, a veces me acuerdo de él: pelo enmarañado a lo Einstein, cigarrillo y café, hablando de Cascanueces. Lo imagino muy ocupado entre sus discos y sus libros de matemáticas y física. Todo un personaje.
Mis Radios On Line de Música Clasica preferidas:
Classical 96.3 FM Toronto, Canadá
Kol Hamusica 91.3 FM Jerusalén, Israel
Radio Beethoven 96.5 Santiago, Chile
En un estante tenía ordenados unos ciento cincuenta o doscientos LPs, "long plays" - discos de vinilo de 33 RPM.
Gustaba de la música clásica, buen pianista también, ordenaba los discos por estilo y dentro de cada estilo, más o menos por abecedario. Sabía exactamente dónde se encontraba cada uno.
Yo recién empezaba a escuchar clásica. No sabía casi nada y aún no definía gustos al respecto.
En esa época yo todavía fumaba y así, con este amigo, cigarrillos y cafés en mano, nos sentábamos a pata pelada en la alfombra de su living a hurgar entre discos y a escuchar fragmentos.
Yo había escuchado algo de Vivaldi y Mozart. Cuando chico, a Mahler en mi casa, pero nada más. Así que en esos años, entre puchos y café, empecé a escuchar a Bach y Telemann, a Brahms y Schubert. Prokofiev me gustó bastante. Lo mismo Stravinski. Tuve dificultades entendiendo a Shostakovich y me gustaron también Satie, Ravel y Debussy.
Al irme a Canadá dejé de verlo, pero seguimos en contacto interneto. Cuando trabajo escucho música clásica, a veces me acuerdo de él: pelo enmarañado a lo Einstein, cigarrillo y café, hablando de Cascanueces. Lo imagino muy ocupado entre sus discos y sus libros de matemáticas y física. Todo un personaje.
Mis Radios On Line de Música Clasica preferidas:
Classical 96.3 FM Toronto, Canadá
Kol Hamusica 91.3 FM Jerusalén, Israel
Radio Beethoven 96.5 Santiago, Chile
15 julio 2010
Los libros azules de Julio
Yo tengo esos primos que viven "en el campo" allá en Chile. Bueno, no realmente en el campo, ya que la ciudad de San Felipe, en medio del valle del Aconcagua, ha ido creciendo lentamente y ahora tiene buses, taxis y semáforos de tres colores.
Es ahora una ciudad grandecita y su equipo de futbol hasta está en Primera División. No mirar en menos.
Pero no voy a hablar del San Felipe de hoy, sino del de los años 60s. De cuando yo era chico y me llevaban todos los veranos de vacaciones allá. Pero verán, tampoco voy a hablar de esas vacaciones, sino de unos libros en especial.
En un estante en la casa de estos primos había una hilera de seis o siete tomos azules, no muy grandes, pero sí gruesos. Eran "Las Increíbles Aventuras de Julio Verne".
En esos libros lo conocí y desde esos libros Julio me llevó de viaje a la Luna, me bajó por cavernas hasta el centro de la Tierra, escapó conmigo de insectos gigantes en una isla misteriosa y me embarcó en un submarino increíble llamado Nautilus que navegaba por el fondo marino...
Eran unos tiempos en que los niños leían - libros, revistas, historietas... - y los días eran largos, la adultez estaba muy lejos y la imaginación era nuestro manantial de juegos. Así, Julio Verne dejó plasmado en mí esas aventuras, esos lugares exóticos y esos increíbles misterios del mundo.
Hace dos años anduve por Chile, viajé a San Felipe y me encontré con los primos de siempre. En medio de una conversación pregunté por los libritos azules. "Ah, esos... - me dijo un primo - no están. Todo eso desapareció entre cambios de casa...".
Pero no desaparecieron totalmente, los tomos azules de Julio Verne aún existen en mis recuerdos.
Relacionados:
Julio Verne en Wikipedia
La ciencia-ficción de Julio Verne
Es ahora una ciudad grandecita y su equipo de futbol hasta está en Primera División. No mirar en menos.
Pero no voy a hablar del San Felipe de hoy, sino del de los años 60s. De cuando yo era chico y me llevaban todos los veranos de vacaciones allá. Pero verán, tampoco voy a hablar de esas vacaciones, sino de unos libros en especial.
En un estante en la casa de estos primos había una hilera de seis o siete tomos azules, no muy grandes, pero sí gruesos. Eran "Las Increíbles Aventuras de Julio Verne".
En esos libros lo conocí y desde esos libros Julio me llevó de viaje a la Luna, me bajó por cavernas hasta el centro de la Tierra, escapó conmigo de insectos gigantes en una isla misteriosa y me embarcó en un submarino increíble llamado Nautilus que navegaba por el fondo marino...
Eran unos tiempos en que los niños leían - libros, revistas, historietas... - y los días eran largos, la adultez estaba muy lejos y la imaginación era nuestro manantial de juegos. Así, Julio Verne dejó plasmado en mí esas aventuras, esos lugares exóticos y esos increíbles misterios del mundo.
Hace dos años anduve por Chile, viajé a San Felipe y me encontré con los primos de siempre. En medio de una conversación pregunté por los libritos azules. "Ah, esos... - me dijo un primo - no están. Todo eso desapareció entre cambios de casa...".
Pero no desaparecieron totalmente, los tomos azules de Julio Verne aún existen en mis recuerdos.
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10 julio 2010
Había una vez ...
... en que las líneas aéreas atraían público con la belleza de sus azafatas y competían dando la mejor atención por el precio del pasaje.
Y no había terrorismo, y nadie revisaba a nadie en los aeropuertos.
De verdad hubo un tiempo así, no es leyenda...
14 octubre 2009
Nuestros enamoramientos de Gloria Guida
![]() |
| Gloria Guida, la polola de los '70s |
Un día mis amigos y yo dejamos de darle todo el día a una pelota y vimos como nos crecía un bigote dudoso, nos cambiaba la voz y constatamos que de pronto las "cabras del Liceo" se habían puesto "bien buenas".
Fué una época de grandes cambios que sigue en mi memoria, aunque borrosa y diluida.
Pero quiero hablar de las películas que veíamos en esos días. Unas a las que íbamos en patota y que eran muy malas. Y que, a pesar de todo, vimos varias veces.
Me refiero a esas de rotativo, italianas, supuestamente cómicas, cuyo argumento no le interesaba a nadie - siempre y cuando apareciera Gloria Guida.
En esos años Gloria Guida era la reina indiscutida de todos los que andábamos en la edad del pavo. Esos filmes no necesitaban nada: no trama, no otros actores, menos todavía, diálogo, sólo esto: Gloria corriendo en bikini por la playa, caminando por la calle con unos jeans muy ajustados, asomándose al balcón con un pijama transparente o saliendo de la ducha envuelta en una toalla diminuta.
Con eso nos bastaba (pero nunca nos sobraba). Los Oscares no tenían razón de ser.
Vaya este pequeño homenaje recordatorio a la Gloria Guida, a esos cines de barrio que desaparecieron (me imagino) y a esas películas italianas que también pasaron al museo de la historia.
Lástima, eran una especie de porno suave, romántico y hasta infantil y con seguridad tuvieron mucho que ver con el desarrollo normal de varias de nuestras glándulas.
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